El Día Internacional de la Mujer Trabajadora hunde sus raíces en la lucha plurisecular de la mujer por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre.
Ésta es una celebración que las Naciones Unidas declararon en el año 1975, pero que tiene sus orígenes en el año 1908 en Nueva York. A comienzos de siglo, muchas mujeres se incorporaron al trabajo en las fábricas en unas condiciones muy duras: jornadas laborales larguísimas, de doce y más horas, recibiendo salarios inferiores a los de los hombres.
A medida que las mujeres se iban incorporando al mundo laboral, se hacía más evidente que aquella situación no era justa, y poco a poco empezaron a organizarse. Una de las protestas reivindicando mejores condiciones laborales fue la que protagonizaron las trabajadoras de la fábrica textil Cotton de Nueva York, en Estados Unidos.
Era el 8 de marzo de 1908 y las trabajadoras se encerraron en el interior para pedir que se les redujera su jornada laboral a 10 horas. El propietario de la fábrica decidió incendiar el edificio para hacerlas salir de allí, pero el resultado fue de 129 trabajadoras muertas.
Estos son los hechos puntuales, que nos sirven de referencia concreta para conmemorar este día, pero el 8 de marzo es mucho más que la celebración de unos hechos concretos. Por eso, en este día dedicamos una jornada de reflexión sobre el largo camino que las mujeres han tenido que recorrer para ver reconocidos sus derechos.
Solo tenemos que fijarnos que, entre el año 1908, en que se sucedieron los hechos de la fábrica Cotton en Nueva York, y 1975 cuando Naciones Unidas declara el 8 de marzo "Día Internacional de la Mujer", han pasado casi 70 años.
La masiva incorporación de las mujeres al trabajo remunerado planteó la necesidad de conciliar la vida laboral y familiar, esta nueva realidad social fue la que determinó que se promulgará la Ley de conciliación de la vida familiar y laboral.
Conciliar la vida laboral y familiar implica compatibilizar el trabajo remunerado con el trabajo doméstico y las responsabilidades familiares.
No obstante, el concepto de conciliación ha ido cambiando con el tiempo, hoy día no sólo se habla de conciliar la vida familiar y laboral, se incluye lo personal.
Conciliar la vida laboral, familiar y personal, supone incluir la disponibilidad de tiempo para el desarrollo personal.
El concepto de corresponsabilidad da un paso más y conlleva que mujeres y hombres se responsabilicen de las tareas domésticas, del cuidado de hijas/os y personas dependientes.
Implica, en definitiva, olvidar la dicotomía público/privado, donde el espacio público es un espacio para los hombres y el espacio privado para mujeres.
La corresponsabilidad supone que mujeres y hombres puedan dedicar su tiempo tanto al trabajo remunerado como al personal y doméstico.
Por todo ello desde la Federación de Empresarias de Galicia abogamos porque se sensibilice a mujeres y hombres de la necesidad de corresponsabilizarse de las tareas domesticas y del cuidado de las personas dependientes para así tener las mismas oportunidades en al acceso, la permanencia y la promoción en la vida empresarial y profesional:
1.Conciliar es compartir responsabilidades entre hombres y mujeres en el trabajo doméstico, cuidado de personas dependientes o en otros aspectos.
2.Conciliar es reorganizar el tiempo que mujeres y hombres dedicamos al proceso productivo, al reproductivo y al espacio propio.
3.Conciliar es reestructurar el espacio diseñado para el ámbito público y el ámbito privado.
4.Conciliar es repartir entre hombres y mujeres las aportaciones del tiempo dedicado a la crianza, al afecto, al cuidado de personas dependientes y a resolución de las necesidades vitales.
5.Conciliar es reajustar las estructuras productivas, considerando las necesidades personales y las obligaciones familiares de las personas empleadas.
El camino hacia la igualdad y la corresponsabilidad para llegar a una sociedad más justa y equilibrada es un trayecto a recorrer en dos sentidos.
Las mujeres estamos avanzando en ese camino de lo privado a lo público, conquistando día a día nuestros derechos, aportando en todos los ámbitos nuestras capacidades y contribuyendo al desarrollo económico, político y social.
En ese camino, los hombres todavía tienen que hacer el recorrido a la inversa, de lo público a lo privado, aunque cada vez son más los comprometidos por la igualdad.